11 de Abril
1822
El general Santa Cruz escribe a Arenales desde Cuenca, y entre otras cosas, le dice: «He recibido las dos comunicaciones de usted de 17 y 28 del pasado, aquella con el carácter que traía para mi conocimiento después del que ha sido quemada, en virtud de él he recibido un nuevo motivo que aumenta mi gratitud hacia usted, pues se sirve expresarme cuánto ha sido del caso para dejarme contento y sa¬tisfecho; es verdad que trasluciendo el espíritu de las cosas ya fui variando de mi primer concepto».

«Por las comunicaciones que llevó el oficial Ossorio vería usted cuánto fue necesario para suspender mi retirada, que en efecto podía haber sido muy perjudicial, sin embargo yo no quedé contento hasta que recibí la contra orden con fecha del 12 en que se me ordenó terminantemente que aún cuando me hallase en retirada, volviese a seguir la cooperación; ya supongo a usted enterado de ella aunque noto que hasta el 28 del pasado no lo sabía; en fin, yo me alegro mucho que pueda concluirse esta campaña, a pesar de que la orden del 2 ha causado muchas sospechas a Sucre que cree que ha sido obra de Guayaquil y por lo mismo lo conceptúo más prevenido sobre sus miras; ojalá se dé la batalla en Riobamba y tenga yo motivo para contramarchar sin llegar a Quito, como innecesario ya».

1822
Desde su C. G. en Cuenca, Santa Cruz escribe nuevamente a Arenales: «Después de haber comunicado a V. S. I. los incidentes ocurridos con motivo de la orden superior de S. E. el supremo delegado de 2 de marzo, ratificada por V. S. I. en 13 del mismo, recibí por la vía de Guayaquil otra de S. E. con fecha 12, en que me ordenó suspendiese mi retirada y que en caso de haberla emprendido, contramarchase para volver a seguir la cooperación sobre Quito en los términos en que anteriormente estaba resuelto, mientras no sea prevenido de otra cosa. Con esta autorización, que hizo cesar mis recelos, continuará la división en la campaña en los términos indicados y re-tornando a su actitud ofensiva, marcharán las dos divisiones a nuestro frente; hoy ha salido el último resto de ellas que componen dos mil cuatrocientos combatientes y si el enemigo que ocupa a Riobamba con toda la suya, aunque inferior, persiste en su obstinación y hace la oposición que aparenta, veremos antes del 22 la decisión de la guerra en esta parte. Todas las causas nos prometen la victoria, a que su vez concurren honor, fuerza y opinión, y la armonía entre las clases de ambas divisiones, que sólo reservan una emulación honrada para el campo de batalla. Todo, todo demuestra que en mayo se ha de sellar Ia paz en el Norte del Perú, suplantando bajo del Ecuador el pabellón de la libertad al estandarte de la tiranía».

1877
El Presidente Avellaneda suscribe un decreto designando la Comisión Central de Homenaje que colaboraría con las existentes ya en las distintas provincias de la República, recolectase fondos y procediese de la manera más conveniente a la traslación de los restos del general San Martín y a erigirle un monumento fúnebre en la Catedral de Bue¬nos Aires. Dicha Comisión era presidida por el Dr. Mariano Acosta, a la sazón vicepresidente de la República.