3 de Abril
1817
San Martín contesta aceptando «con el mayor placer», las pistolas y sable con que había querido premiarlo el Director Pueyrredón.

1822
La Municipalidad de Lima pone en manos del general San Martín el estandarte que tremoló el conquistador Francisco de Pizarro en la conquista del Imperio de los Incas, que simbolizaba el poder real destronado por el Libertador.

1822
Desde su C. G. en Cuenca, el general Santa Cruz escribe nueva-mente a Arenales sobre la orden de retirarse que ha recibido por su interme-dio. Dice: «Mi General: Me he visto en una circunstancia muy crítica, y confieso que he tenido muy poca resolución para salir de ella, puesto entre dos extremos funestos de los que cada uno me parecía el peor, he preferido por consejo de los jefes el de consultar a S. E.; yo veo que esto deja pasar días, sin duda contra el espíritu de la orden; pero mi General ¿qué hacía en tal caso? Un rompimiento no me ha parecido ni prudente, ni conveniente, a la causa general. En el caso en que se halla el general Sucre, sí creo que abrazaría este partido, porque de todos modos era perdido, yo soy testigo de su situación que le autorizaba para todo. Así es que no he extrañado en sus contestaciones y en una entrevista que he tenido con él, el verle resuelto a oponérseme a toda costa».

«Por otra parte, las órdenes que presenta S. E. y la retribución que reclama por Numancia, han aparentado justificar sus solicitudes y autorizar sus medidas. Yo no reflexioné, ni debo hacerlo para desear y dar cumplimiento a la orden que debo obedecer ciegamente pero como no se me ha dicho que a toda costa, he temido el último caso, cuyos cargos he creído más justificados y más serios; más todo se hará si se me repite la orden en aquella expresión».

«Entretanto, aún tengo la esperanza de ponerme en retirada antes de recibirla: llegado que sea cualquiera de los dos casos: es decir que el general Bolívar pase el Juanambú o que los enemigos sean rechazados en Riobamba: no me detendré nada en contramarchar, y quizá entonces me costará menos, y saldrá mejor: para tales casos en adelante procuraré ya tener mis fuerzas reconcentradas, como no las tenía cuando recibí la orden. Desde Riobamba tengo camino corto para Guayaquil y de allí es muy fácil y pronto el pasaje a Payta o donde convenga. Esta consideración así dará a usted lugar, si hay tiempo, a las instrucciones que usted quiera darme. Desde el presente mes bajan las aguas y queda abierto este camino que puedo hacerlo en una cuarta parte del tiempo que el de Piura; en fin yo no perderé ocasión en adelante de efectuar mi movimiento, cuya suspensión me causa un pesar y usted juzgará de ello por las comunicaciones (que repito) no he tenido tiempo para despacharlas».......................................................................................................

«Sé que ayer ha llegado un expreso de Guayaquil con pliegos interesantes de que apenas he traslucido que le escriben al general Sucre que por ningún modo deje retirarse esta división: Yo aún no he dirigido mi comunicación y no sé como puedan haber traslucido esto, que aquí mismo es reservado: parece que hay poca consecuencia. Yo buscaré la especie en su origen y lo sabrá usted».

«Adiós, mi General. Dios quiera que salga bien de este laberinto, como lo espero, advirtiendo que si no es sobre aquello que le dije a usted en mi comunicación de 25 de Febrero, no comprendo otra cosa y parece que no me equivoco».

1829
San Martín contesta las insistentes preguntas de Guido: «El estado de mis intereses, es decir la depresión del papel moneda en Buenos Aires no me permitían vivir por mas tiempo en Europa; con los réditos de mi finca, los que alcanzaban a cerca de seis mil pesos, pero puestos en el Continente, quedaban reducidos a menos de mil quinientos, me resolví a regresar al país con el objeto de pasar a Mendoza los dos años que juzgaba necesarios para la conclusión de la educación de mi hija y a agitar por la mayor inmeditación el cobro no del todo, pero sí de alguna parte de mi pensión del Perú, pues yo no contaba ni podía contar con sueldo alguno en mi país, y al mismo tiempo haciendo el ensayo de si con los cinco años de ausencia y una vida retirada podía desimpresionar a lo general de mis conciudadanos que toda mi ambición estaba reducida a vivir y morir tranquilamente en el seno de mi patria. Todos estos planes han sido frustrados por las ocurrencias del día. Pasemos ahora al punto capital, es decir de mi regreso a Europa».

«Las agitaciones en diez y nueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido y más que todo las dificultades circunstanciadas en que se halla en el día nuestro país, hacen clamar a lo general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipio, y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre, no por un cambio en los principios que lo rigen y que en mi opinión es donde está el mal, sino por un gobierno vigoroso y en una palabra, militar; porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra. Igualmente convienen en que para que el país pueda existir, es de necesidad absoluta que uno de los partidos en cuestión desaparezca de él. Al efecto se trata de buscar un salvador que reuniendo al prestigio de la victoria el con¬cepto de las demás provincias y más que todo un brazo vigoroso,salve a la patria de los males que la amenazan».

«La opinión presenta este candidato, él es el general San Martín».

«Para esta aserción yo me fundo en el número de cartas que he recibi¬dlo de personas de respeto de ésa y otras que me han hablado en ésta sobre este particular; yo apoyo mi opinión sobre las circunstancias del día. Ahora bien, partiendo del principio que es absolutamente necesario el que desaparezca uno de los partidos contendientes, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública, ¿será posible sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos, y cual otro Sila cubra mi patria de proscripciones? No, jamás, jamás, Mil veces preferiría correr y envolverme en los males que la amenazan que ser yo el instrumento de tamaños horrores. Por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos, me sería permitido por el que quedase victorioso usar de una clemencia necesaria y me vería obligado a ser el agente del furor de pasiones exaltadas, que no consultan otro principio que el de la venganza. Mi amigo, veamos claro, la situación en nuestro país es tal, que al que lo mande no le queda otra alternativa que la de apoyarse sobre una fracción o renunciar al mando; esto último es lo que hago».

«Muchos años hace que usted me conoce con inmediación y le consta que nunca he suscrito a ningún partido y que mis operaciones y resul¬tados de éstas han sido hijas de mi escasa razón y del consejo amistoso de mis amigos; no faltará quien diga que la patria tiene un derecho de exigir de sus hijos todo género de sacrificios. Esto tiene sus límites; a ella se le debe sacrificar la vida e intereses, pero no el honor».

«La historia y más que todo, la experiencia de nuestra revolución, me han demostrado que jamás se puede mandar con más seguridad a los pueblos que los dos primeros años después de una gran crisis, tal es la situación en que quedará el de Buenos Aires, que él no exigirá del que lo mande después de esta lucha, más que tranquilidad. Si sentimientos menos nobles de los que poseo en favor de nuestro suelo fuesen el Norte que me dirigiesen, yo aprovecharía de esta coyuntura para engañar a ese heroico pero desgraciado pueblo, como lo han hecho unos cuantos demagogos, que con sus locas teorías, lo han precipitado en los males que le afligen y dándole el pernicioso ejemplo de perse-guir a los hombres de bien sin reparar en los medios».

«Después de lo que llevo expuesto, ¿cuál es el partido que me resta? Es preciso convenir que mi presencia en el país en estas circunstancias, lejos de ser útil, no sería oirá cosa que embarazosa para los unos y objeto de continuas desconfianzas; para los otros, de esperanzas que deben ser frustradas; para mí de disgustos continuados; por esto es que he resuelto lo siguiente: he realizado cinco mil pesos en metálico con el sacrificio que usted puede ver con el cambio del día. Con ellos y con lo que me reditúe mi posesión pienso pasar al lado de mi hija los dos años que necesita para concluir su educación. Finalizado ese tiempo regresaré en su compañía al país, bien resignado a seguir la suerte a que se halle destinado. En este intermedio, los hombres creo, podían aprovechar de las lecciones que la experiencia les ofrece para poner la tierra a cubierto de los males que experimenta. Esta es mi esperanza; sin ella y sin el sueño, como dice un filósofo, los hombres dejarían de existir».

«Yo no dudo que usted encontrará mil razones para rebatir las que dejo expuestas, pero usted convendrá conmigo en que los hombres no están de acuerdo que sobre las cuatro primeras reglas de la aritmética. No he querido hablar una sola palabra sobre mi espantosa aversión a todo mando político. ¿Cuáles serían los resultados favorables que podrían esperarse entrando al ejercicio de un empleo con las mismas repugnancias que una joven recibe las caricias de un lascivo y sucio anciano? Por otra parte, ¿cree usted que tan fácilmente se hayan borrado de mi memoria los horrorosos títulos de ladrón y ambicioso con que tan gratuitamente me han favorecido los pueblos que en unión de mis compañeros de armas hemos libertado? Yo estoy y he estado en la firme persuasión de que toda la gratitud que se puede exigir de los pueblos en revolución es el que no sean ingratos; pero no hay filosofía capaz de mirar con indiferencia la calumnia; de todos modos esto último es lo de menos para mí pues si no soy dueño de olvidar las injurias a lo menos se perdonarlas».

«Dije a usted en mi anterior, que no había sido llamado al Perú y ahora añado que si se me llamase volaría en su auxilio porque la guerra que sostiene es justa. Si mi ida a Lima no fuese interpretada por miras ambiciosas o que tuviese seguridad de que no habría de ser desairado, esté usted seguro que en lugar de regresar a Europa, marcharía a prestarle mis servicios. De todos modos si me llaman partiré del punto en que me halle y será usted el primero a quien se lo avise por si quisiese volver a sufrir nuevas pellejerías».

Y a continuación esta importantísima carta contiene la siguiente posdata: «Cuando escribí esta carta me hallaba indeciso, si marcharía por el paquete de este mes o por el de mayo próximo, más acabo de saber el desastre del coro-nel Rauch o Rud, y este golpe puede decidir de la contienda con más prontitud de la que yo pensaba; esta circunstancia me ha hecho decidirme a partir en el paquete de abril ?repito que ya antes de mi marcha le escribiré? Vale. ».

«Si no fuese a usted, Goyo Gómez u O'Higgins, con quienes tengo lo que se llama una sincera amistad y que conocen mi carácter, yo no me aventuraría a escribir a nadie con la franqueza que lo he hecho, pues se creería a un exceso de orgullo ?suponiendo ser yo un hombre necesario al país o una sandez consumada, en solo imaginarlo?;pero supongamos de que en los datos en que me apoyo para creer si piensan en mí para mandar (y el que tengo más seguro es el de haber recibido varias cartas de enemigos declarados míos) no sean más que sueños de mi presencia en el país, después del presente sacudi-miento no inspiraría desconfianzas al que mandase. Usted me dirá que tengo dadas demasiadas pruebas de que no lo deseo? para afirmar esta aserción, creerá usted si le aseguro por mi honor que a mi llegada a Mendoza de regreso del Perú, se creyó que el objeto era el de venir a hacer una revolución para apo-derarme del mando de las provincias de Cuyo, y que se me enseñó una carta del gobernador Carril (de San Juan) en la que se aconsejaba, se tomasen todas las medidas necesarias para evitar tamaño golpe. Convenga usted que la ambición es respectiva a la condición y posición en que se encuentran los hombres, y que el gobernador de una guardia de fronteras, se cree un Jorge IV, más ignora usted que la sabia y legal administración del año 23, cuando por ceder a las instancias que Remedios me hacía de venir a darle el último adiós, resolví venir por mayo del mismo año a Buenos Aires; se aprontaron partidas para prenderme como al mayor facineroso, lo que no verificaron por el aviso que me dio un individuo de la misma administración, y en qué época, en la que ningún gobierno de la re-volución, tenía más popularidad, y después de estos datos ¿no quiere usted que ponga a cubierto, no mi vida porque la sé despreciar, pero sí un ultraje que me haría sucumbir de rabia y desesperación?».