1821
En esta fecha se ajusta en Punchauca el armisticio entre los emisarios de San Martín y de Pezuela, el cual era valedero por 20 días.

1821
En la madrugada de este día emprende la marcha la división Arenales en dirección a Jauja, haciendo alto a medía noche a 5 leguas de este punto; desde este lugar destacó partidas exploradoras para cerciorarse de las posiciones ocupadas por sus enemigos, las que comprobaron que Carratala había partido de Jauja casi al mismo tiempo que la división patriota lo había hecho de Tarma. El 24 a medio día llegó Arenales a Jauja, habiéndose situado Carratalá a 5 leguas al Sud de este punto, en Concepción.

Sabedor de esta circunstancia, el general Arenales hizo montar 700 hombres en sus mejores cabalgaduras y los entregó al coronel Gamarra, a pedido de éste: no obstante las precauciones que tomó el jefe del agrupamiento patriota para sorprender a Carratalá en Concepción, este salió de este punto en la mañana del 25, atrayesando el río por el vado inmediato a Huancayo, y se dirigió a las alturas de la margen derecha con el objeto evidente de consultar mejor su comunicación y retirada a Lima: en la madrugada del 26 llego Carratalá al pueblo de Chupaca, donde cruelmente hizo descargar las armas de su división sobre sus habitantes, que se habían aglomerado a los gritos de ;Viva la Patria, que habían lanzado soldados de una partida de Carratalá, destacada con tal fin; siguiendo inmediatamente un despiadado saqueo.

1822
Viendo el general Sucre que manteniéndose en la posición que había alcanzado en su movimiento estratégico iniciado el día 13, se le cerraba el camino de Quito, que era su objetivo inmediato, se decidió por una nueva maniobra y trasladóse al Norte de la ciudad a fin de interceptarle a Aymerich sus comunicaciones con Pasto: para ejecutar esta operación, Sucre debía seguir una senda escabrosa subiendo por una falda del volcán de Pichincha; esto no lo detuvo, ni tampoco la lluvia copiosa que se desprendió al romper su marcha, la que inició a las ocho de la noche del día 23, y al amanecer del siguiente su vanguardia coronaba ya las alturas del volcán y sus tropas dominaban a la ciudad de Quito, que se destacaba al pie.