1794
San Martín asiste a la rendición de Colimbre, en la guerra del Rosellón.

1880
El VILLARINO se encontraba fondeado en la rada interior de Buenos Aires: no pudiendo ?por su calado? llegar hasta el muelle de las Catalinas, se procedió a retirar los restos de la cámara del transporte y embarcarlos en una lancha previamente preparada para tal objeto. Los miembros de la Comisión se instalaron en el vapor TALITA, y remolcada por éste, y escoltada por otros botes, la lancha conductora de la preciosa carga no tardó en llegar al desembarcadero, donde se había congregado el gobierno y numeroso pueblo. Las baterías de tierra y de los buques saludaban con salvas de 21 cañonazos y desembarcado el féretro, D. Domingo Faustino Sarmiento fue el encargado de interpretar con su palabra elocuente y erudita, el significado extraordinario de aquel acto trascendental.

Conducidos del muelle de las Catalinas los restos a la plaza San Martín, aquí vibró la elocuencia insuperable del Presidente de la Republica Dr. Nicolás Avellaneda, para destacar la significación del acto y la gloria inmanente del Libertador, y entre sus magníficos párrafos se destacan los tres que siguen:

?La América mostrará entre sus monumentos el sepulcro del primero de sus soldados. La República Argentina guardará los despojos del más glorioso de sus hijos. Seis naciones viven independientes, dentro de las líneas trazadas por la espada del gran capitán. Pueblos de la América, escuchadme. No olvidéis el consejo del Libertador; y cuando encontréis su estatua ecuestre en las márgenes del Plata, en los llanos de Maipú o a orillas del Rimac, leed siempre las eternas palabras escritas en su base: ?la presencia de un militar afortunado es temible en los Estados que se constituyen de nuevo?, para que convirtáis jamás una espada en cetro. La espada que brilla con luz tan soberana durante los combates, obedece en la vida civil y no manda.

Guerreros de mi patria; conciudadanos, inclinémonos sobre estos sagrados restos y oiremos que suena nuevamente en las alturas la voz que dijo: el general San Martín no derramará la sangre de sus compatriotas y solo desnudará la espada contra los enemigos de la independencia sudamericana.

Y luego, terminando, el vibrante orador dijo ?Sombra del Gran Capitán: vuestro ultimo voto se encuentra cumplido. Descansáis en vuestra tierra. Levantaos para cubrirla. Señor oídnos: las naciones más poderosas están sometidas a trágicas vicisitudes y la historia de este siglo se halla llena de tristes ejemplos. Señor: proteged la independencia de vuestra patria y la santa integridad de su territorio contra todo enemigo extraño. Que vuestro brazo invisible trace murallas de fierro en las fronteras para que la bandera que hicisteis flamear en las cumbres mas excelsas de la tierra, no sea jamás uncida al carro de un vencedor?.

Terminada la serie de discursos, se transportaron los restos a la Catedral, donde se levanto un catafalco para depositarlos, iniciándose el desfile popular que duró hasta altas horas de Ia mañana.

El día 29, el túmulo donde se destacaba el féretro estaba cubierto de flores y sobre aquél se había colocado la bandera del Ejército de los Andes y Ia del Regimiento Río de la Plata: los oficios comenzaron a las 2 de la tarde estando presente el Presidente Avellaneda, cuerpo diplomático y miembros del Congreso y de Ia magistratura. Oportunamente, el Arzobispo monseñor Aneiros, subió al púlpito y en una oración sagrada enalteció los méritos del Libertador.

Concluidos los funerales, las autoridades y demás comitivas abandonaron el templo, y las salvas hechas por los cañones del Ejercito y de la Marina dieron término grandioso homenaje; llevándose a cabo la colocación de los restos en el sarcófago, erigido bajo las bóvedas de la catedral, ese mismo día, sólo con la presencia de las autoridades municipales y los miembros de la Comisión encargada de la repatriación de las sagradas reliquias.