1821
A media mañana despacha el general Arenales un ayudante conduciendo a Lima las proposiciones operativas que se han detallado.

El emisario detalló a San Martín ?a quien entrevistó a las 4 de la mañana del día 19- la situación de la División, y ante esta realidad, convencido de la imposibilidad de que volviera a la Sierra, habiendo perdido casi todos sus animales, dispuso el día 2, que regresara a Lima; escribiendo el General en Jefe a Arenales manifestándole que dentro de muy poco tiempo los castillejos estarían en su poder.

1822
Embarcado el día anterior en la goleta de guerra LIMEÑA el Dr. Bernardo de Monteagudo zarpa del Callao para el destierro que le imponían sus adversarios políticos. Llegado a Guayaquil, el ex Ministro se traslado a Guatemala conduciendo un retrato de Bolívar que había obtenido en Guayaquil, el cual fue adquirido por la asamblea guatemalteca, pasando a ornamentar el salón donde celebraban las sesiones los asambleístas de aquel Estado.

1822
El coronel José Gabriel Pérez, Secretario de Bolívar, escribe al Intendente del Departamento de Quito, general Sucre, diciéndole que la relación de la entrevista de Guayaquil entre ambos Libertadores, que le ha enviado el día anterior, debe ser considerada de carácter Reservada, por orden de S. E.

1831
San Martín escribe a su amigo el general José de Rivadeneira: Dije a usted en mi anterior, que la revolución que estalló en los Países Bajos me obligó a dejar mi residencia de Bruselas y conducir mi hija a ésta con el objeto de evitarle los peligros y temores que son consecuentes a una revolución, cuyos principios acompañados de saqueos e incendios, hacían temer sus consecuencias y al mismo tiempo dar la última mano a su educación. También decía a usted la situación de este Continente amenazado de una guerra general cuyos temores sobre este punto aún no están del todo disipados, pues siempre quedan pendientes los dos graves puntos en cuestión, a saber: la suerte definitiva de Polonia y Bélgica.

Desgraciadamente no están dudosos los progresos del cólera murbus que ni los cordones sanitarios establecidos por las potencias del Norte y todas las demás medidas adoptadas de cuarentena no han podido hasta el presente detener la marcha de tan espantosa enfermedad. Por mi parte, algo fatalista, miraría tranquilo venir este azote, pero mi convicción no se extiende a que mi única hija pueda ser amenazada en esta crítica circunstancia me quedaba el partido de embarcarme para Buenos Aires con tanto más motivo cuanto las cartas que últimamente he recibido me aseguran la pronta terminación de la guerra fraticida que desola a las provincias del Plata, pero me resta una dificultad a mi modo de pensar no me permite volver. Es el caso, los desórdenes.

Hace nueve meses libré contra mi apoderado de Buenos Aires 3.000 pesos. Este malvado en cuyo poder existían los alquileres de tres años de mis dos casas, ha hecho bancarrota y por consiguiente mi letra de cambio de 3.000 pesos fue protestada a su llegada. Afortunadamente el comerciante honrado a favor de quien había librado al regreso la letra protestada, lejos de apremiarme, con una generosidad de que se dan pocos ejemplos en Europa, me ha ofrecido cuanto necesite. Pero repito, que lejos de abusar de la honradez de este hombre singular estoy resuelto a permanecer en ésta hasta haber hecho honor a mi compromiso.

Sobre este particular ?continúa San Martín- yo escribo a mi apoderado y amigo el doctor don Mariano Alvarez, a fin de que me remita cuatro mil pesos de los que haya cobrado o cobre a cuenta de la pensión de 9.000 pesos anuales que el primer congreso tuvo la generosidad de señalarme; 12.000 me es deudor el gobierno por fin del presente año. Yo no exijo más que 4.000 para poder salir de esta incómoda situación y poder regresar a mi país a ver si, no acordándose de mí puedo pasar el resto de mis días en tranquilidad. Yo no dudo un momento que el gobierno del Perú accederá a la solicitud de mi apoderado como tampoco de que su amistad contribui-rá en lo que pueda por su parte el mismo fin.

1834
Desde Grand-Bourg, San Martín escribe al Dr. Manuel Moreno: Once años de un ostracismo voluntario de mi patria preferible a tomar parte en sus desavenencias, cortadas por sistema casi todas las relaciones con mis antiguos amigos de América, mi notorio desprendimiento a todo mando e intervención en sus asuntos políticos, mi carácter no desmentido en todo el curso de nuestra justa revolución, mis servicios rendidos a la independencia de Sud América, y en fin mis notorios compromisos con el gobierno español ?compromisos de pescuezo, señor doctor- me daban derecho a esperar a que mi nombre no fuese tachado con una impostura tan altamente grosera, como ultrajante; pero prescindiendo de las consideraciones que dejo expuestas, y que por lo visto no han tenido para usted ningún valor, como es concebible haya podido dar crédito a las noticias que dice han corrido en Londres sobre mi oculto viaje a España?

Me cree usted tan falto de razón, que para tratar cualquiera de estos pequeños e inocentes negocios ?alude a las supuestas monarquías inventadas en la chismografía diplomática-? emprendiese en el estado que le consta se halla mi salud un viaje largo y penoso, pudiéndolo hacer en Paris sin estos inconvenientes, y sobre todo con el sigilo que exige un asunto de tamaña importancia y del cual debe usted suponer dependía el éxito de la empresa? Con que poderes o credenciales me presentaba para tratar del reconocimiento de nueve estados independientes, pues por triste que sea la idea que usted tenga de la diplomacia española no puede suponerse que su atraso llegue a tal grado que admitiesen un negociador sin este indispensable requisito; pero ya comprendo, usted ha calculado que el general San Martín es un vil intrigante, que el objeto que se proponía en su oculto viaje era el de hacer valer al gobierno español su pretendida influencia en las nuevas repúblicas de América y por este decoroso medio sacar algún partido pecuniario, o bien un empleíto de ayuda de cámara de S. M. C. Pero quiero suponer por un momento el que las noticias que usted dice han corrido en Londres sobre mi marcha a España hayan sido admitidas por usted de tomar de buena fe, y que en razón de su alto empleo ?el Dr. Moreno era a la sazón Ministro Plenipotenciario de la República Argentina ante la Corte de Londres? haya creído de su deber esclarecerlas como lo exigía su posición y los intereses de la Republica Argentina, ahora bien no hubiera sido un medio más noble y generoso y al mismo tiempo un deber de usted por el honor de la misma república de la que soy un individuo, el haberme escrito directa-mente (como lo ha hecho otras veces) para esclarecer sus dudas diciéndome con franqueza: General, tales y tales voces corren sobre su conducta, yo no las creo pero para desmentirlas ruego a usted me de una contestación: pero si este medio leal y caballero repugna a sus principios y carácter, no podía usted haber enviado a algún amigo de su confianza que no dudo lo tendrá propio a desempeñar una honrada comisión de espionaje, o por lo menos escribir a otros particulares de París sin comunicarle mi pretendido viaje, sino simplemente encargarles averiguasen si existía o no en esta capital o en sus inmediaciones?

Pero cual es la conducta que ha tenido usted en esta infernal intriga (que no puedo alcanzar el objeto,que se ha propuesto en ella) usted se dirige a dos ministros de naciones extranjeras para presentar a un general y ciudadano del mismo Estado que usted representa o como un traidor a su patria o como un vil y despreciable intrigan-te?

Esta conducta no puede calificarse que de uno de estos dos modos: o es usted un malvado consumado o ha perdido enteramente la razón.

Solo me resta exponer a usted la causa por la cual no le he remitido la correspondencia para mis hijos como antes lo ejecutaba, y de cuya falta saca usted la consecuencia de mi pretendido viaje a España, la razón es bien simple, haber preferido la vía de los buques mercantes a la de usted en razón que entre las diferentes cartas que me ha remitido he encontrado tres abiertas y otras con signos de iguales tentativas: en dos ocasiones usted mismo se me ha disculpado diciéndome que habían sido abiertas por inadvertencia.

Todo hombre que se respeta después de recibir una carta como esta exige los esclarecimientos que son consecuentes: usted es joven y con salud y por consiguiente no tendrá dificultad en hacer un corto viaje con el objeto de pedírmelas, seguro que se los dará los más completo. ? JOSE DE SAN MARTÍN.

P. D. ? Dos cosas tengo que prevenir a usted: primera que esta carta no es dirigida al representante de la Republica Argentina y si sólo al doctor Moreno; segundo, que aunque me había propuesto ir a tomar los baños termales que reclama mi salud el 19 del próximo agosto, suspendo mi marcha hasta el 20 del mismo mes por si, como creo, usted se digna venir a hacerme una visita. JOSE DE SAN MARTÍN.