6 de Agosto
1821
San Martín escribe al Director O?Higgins en forma oficial, haciéndole saber que ha asumido la autoridad suprema del territorio que ocupaba, con el titulo de Protector hasta la reunión de un congreso soberano de todos los pueblos *en cuya augusta representación depositaré el mando ?dice? y me resignaré a residenciar.

Destruir para siempre el dominio español en el Perú y poner a los pueblos en el ejer-cicio moderado de sus derechos, es el objeto esencial de la expedición libertadora. Mas es necesario purgar esta tierra-de la tiranía y ocupar a sus hijos en salvar su patria antes que se consagren a las bellas teorías y que se de tiempo a los opresores para reparar sus quebrantos y dilatar la guerra. Tal seria la consecuencia necesaria de la convocación de asambleas populares o de colegios electorales, si de este ori-gen hubiese de emanar en las presentes circunstancias el poder central y reorgani-zador, porque habiendo gravitado sobre el Perú la fatal educación colonial del gobierno español, no puede prometerme aquí diversos efectos de los que por igual principio hemos llorado en otros pueblos de la América.

Al formular tan categóricas declaraciones, San Martín estaba perfectamente dentro del espíritu de las instrucciones que se le habían entregado por el Supremo Gobierno de Chile, el cual, al poner al almirante Cochrane bajo las órdenes del Generalísimo, le expresó que el objeto de la expedición era extraer al Perú de la odiosa servidum-bre de la España, elevarlo al rango de una potencia libre y soberana y concluir por este medio la grandiosa obra de la independencia continental de Sud América.

1824
Se libra la batalla de Junín, en la pampa de este nombre entre los ejércitos beligerantes mandados por los generales Bolívar y Canterac. La acción se desarrolló a lanza y sable, no disparándose un tiro en el curso de ella. Puesto Canterac al frente de la caballería realista, al principio logró arrollar a la independiente, que se puso en precipitada retirada con sus principales jefes a la cabeza. El general Necochea, lleva-do por la impetuosidad de su valor y olvidando los deberes de su alto puesto, desem-peñaba las de un soldado y se batía como un león en el ala derecha que había toma-do a su cargo; pero fueron vanas sus increíbles hazañas, porque la dispersión se hizo general -dice: "EL ALBUM DE AYACUCHO", y más completo el desorden con la funesta nueva que se divulgó de su muerte. Notado el desastre por Bolívar que había dirigido les primeros movimientos, cruzó como un relámpago la distancia que le sepa-raba de la infantería, que había quedado una legua a retaguardia, para ponerse a su frente. Entonces los enemigos, dando el triunfo por completo, se entregaron a una ciega confianza, y abandonaron igualmente su formación, acuchillando por grupos a los dispersos; lo cual visto por Suárez que conservaba en perfecto orden el Escua-drón Peruano, situado a regular trecho del campo de acción, avanzó resueltamente contra ellos no habiendo cargado desde el principio -según manifestó textualmente Suarez a Bolívar- ni empeñado su cuerpo, porque se componía de gente nueva, y a quien él no conocía absolutamente.

En efecto, habiendo Canterac desplegado en batalla su numerosa caballería-dice ?EL ALBUM DE AYACUCHO"- dio sobre la independiente una carga con tal maestría y vi-gor, que destrozando su centro y extrabasando la línea que ocupaba, fue a detener su impulso a retaguardia de ella. En estas circunstancias, el teniente coronel argenti-no Manuel Isidoro Suárez, que mandaba un regimiento de húsares peruano, com-pues de gente colecticia de las provincias de Trujillo, Chiclayo y Lambayeque ?que como se dice mas arriba, su propio Jefe no conocía y le tenia poca confianza? permaneció con su cuerpo entre dos lagos, quedando a un costado de la caballería realista cuando atacó tan impetuosamente a la independiente. Cuando Suárez vio que los enemigos daban la espalda en su acometida furiosa, tuvo la inspiración tácti-ca de ordenar tocar a degüello a los clarines de su regimiento, y atacó violentamente a la caballería española.

Aquí ?dice "EL ALBUM DE AYACUCHO", - fue donde comenzó una nueva lucha la mas sangrienta y atroz que pueda imaginarse: esta sola falange de héroes, esta masa de bronce (palabras de Torrente), sostuvo el combate con tal furia, decisión y arrojo, contra la caballería enemiga que a bandadas se precipitó sobre ella, que permitió a los cuerpos de Colombia volver a reunirse y que emprendiesen segundo ataque. Generalizado éste por los guerreros de uno y otro Ejército, no se oyó por el espacio de tres cuartos de hora, sino el chasquido del sable y de la lanza.

Aquí no hubo distinción de clases: cada Jefe, cada Oficial fue un soldado: cada sol-dado un héroe. Ceden por fin los españoles y huyen despavoridos, dejando el campo sembrado de cadáveres, heridos y toda suerte de despojos. Sobre el campo de bata- lla, Bolívar ascendió a Suárez al grado de Coronel y dispuso que su heroico Regimiento se llamara desde entonces: HUSARES DE JUNIN, Bolívar tuvo palabras del más alto elogio para Suárez y sus valientes soldados, héroes de tan brillante jornada.