8 de Agosto
1816
San Martín jura y hace jurar por los jefes, oficiales y tropa del Ejército de los Andes, la independencia de las Provincias Unidas solemnemente sancionada por el Congreso de Tucumán el 9 del mes anterior.

1817
En conocimiento que en la noche del 1 al 2 de este mes habían salido dos lanchones de la plaza en dirección a la costa de Penco, en busca de víveres; se despacharon 30 granaderos al mando del alférez José Félix Bogado, a reconocer la costa y sorprender las tripulaciones de dichas embarcaciones; la patrulla se dirigió sobre Penco sin encontrar los botes denunciados: el día 8 sin embargo se avistó a uno de los lanchones: la patrulla hizo la señal convenida y se emboscó para sorprender a la tripulación.

Desembarcaron sólo 4 hombres y la lancha se mantuvo alejada de la costa: el alférez Bogado mandó cargar hombres y botes. El lanchón navegaba a distancia de la costa, en aguas profundas, de modo que antes de alcanzarlo, los caballos de los Granaderos ya nada¬ban: con todas las dificultades y los peligros que esto significaba, estos bravos jinetes se aproximaron al lanchón entablando una furiosa lucha con sus tripulantes entre los que causaron estragos, obligándolos a re¬mar vigorosamente para lograr distanciarse. De regreso a la costa, Bo¬gado se apoderó de una cantidad de víveres que había acopiado un comisionado de los realistas y que los patriotas lograron capturar el' día 5; los que envió al campamento independiente. Los Granaderos no sufrieron ninguna pérdida.

1822
Desde El Cuzco, el teniente general La Serna contesta a San Martín las propuestas que éste le formulara el 14 de Julio, rechazándolas y diciéndole que se considera con medios más que suficientes para llevar adelante las ope-raciones de guerra contra sus enemigos. Como San Martín en la suya le anun-ciaba su partida para Guayaquil para tratar con el general Bolívar, el Virrey La Serna le contesta sobre este punto textualmente: me es preciso decir a V. E. que no estoy en el caso de entenderme con otra persona que con V. E. como General en Jefe de un ejército enemigo, con quien se había empezado a tratar antes de tomar yo el mando, pues siendo esto lo que el derecho de gentes y de la guerra prescriben, debo como hombre público arreglarme a ello ínterin no reciba nuevas órdenes del gobierno supremo.