1788
Ingresa en el Regimiento de Infantería de Valencia, D. Manuel Tadeo de San Martín. El mismo día ingresa en el Regimiento de Infantería de Húsares de Aguilar, su hermano Juan Fermín, en clase de cadete.

1821
El coronel Miller se adelantó personalmente hasta menos de 500 varas de Huamantanga, para practicar un reconocimiento, y comprobó que el enemigo estaba formado y como para em-prender algún movimiento. Sin detenerse, volvió a Puruchuco, donde hizo replegar la caballería y colocó a la compañía del Nro 7 y a los montoneros desmontados en los barrancos del lado de la montaña. Apenas terminada esta operación, descendieron unos 200 realistas: 1er batallón del Regimiento Imperial Alejandro, el 2do del primer regimiento, 100 Dragones del Regi-miento de la Unión y sus Granaderos a Caballo de la Guardia.

Los montoneros fueron arrollados, y Miller desalojado de su fuerte posición con la pérdida de 15 muertos, 25 heridos y seis extraviados. El teniente coronel O'Brien, con una pequeña partida de infantería, mediante un fuego oportuno y bien dirigido, contuvo a los realistas el tiempo necesario para que los patriotas pudiesen replegarse en buen orden.

1821
Sin dar cumplimiento a la conminatoria que puso en sus manos el coronel Guido escrita por San Martín, Lord Cochrane escribe en Ia fecha al Ministro Monteagudo haciéndole saber que al día siguiente principiará el pago de las tripulaciones de la escuadra de Chile y que lo hacía así obligado a ello por las circunstancias imperiosas en que se hallaba.

En otro documento fechado el mismo día, Cochrane se dirige a Monteagudo diciéndole que acaba de Ilegar a la bahía del Callao con la O'HIGGINS, la VALDIVIA y el bergantín LAUTARO, y que las tripulaciones se habían negado a zarpar del puerto de Ancón hasta el pago total de sus haberes.

La situación en que me hallo es de la clase más llena de dificultades y puedo decir de peligros hallándome obligado por una parte a permitir el total desmembramiento de la escuadra o a incurrir en desagrado del gobierno del Perú adoptando medidas que pueden ser incompatibles con sus miras.

Y en su último párrafo agrega: La penosa situación en esto me pone entre mi deber al gobierno de Chile, y las miras del Perú, no dudo que sea muy satisfactoria a los que han sido la causa de todos estos disgustos, no para el bien público, sino para sus intereses personales.

De esto estoy cierto, que la desorganización de esta escuadra es destructora de los mejores intereses de Sud América; y además, que si esos oficiales que se han comportado mal bajo la bandera de Chile, y han recibido protección y recompensa del gobierno del Perú pudiesen posesionarse, como desean, de esta escuadra que ha contribuido principalmente bajo S. E. el señor supremo director de Chile a la independencia del Perú, no podía producir ningún efecto honroso; de esto, sin embargo, pueden estar seguros ciertos caballeros, que así como no tienen el valor de manifestar abiertamente sus intenciones, tampoco tienen el talento para efec-tuar sus miras por medios clandestinos.

1821
San Martín le escribe a O'Higgins anoticiándole el fausto suceso: Al fin, nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sur. El Perú es libre, pues el único ejército en que podían confiar es deshecho.
Es incalculable lo que hemos hallado en el Callao: en el solo ramo de artillería pasan de ocho-cientos los cañones de todos los calibres. En conclusión yo ya veo el término de mi vida pública y voy a tratar de entregar esta pesada carga a manos seguras y a retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Los papeles públicos, agrega, enterarán a usted de los pormenores de esa campaña verdade-ramente singular en su especie. Los enemigos han sido batidos sin más que movimientos y tomar posiciones inexpugnables. Al fin, desesperados de que no me sacaban de mi plan y muertos de hambre abandonaron la plaza del Callao a su destino y emprenden su retirada.

Me aprovecho de este momento y pico con firmeza su retaguardia con cuya operación han sido destrozados. Pasan de mil doscientos los pasados, cincuenta y dos oficiales, muchos prisioneros e infinidad de dispersos que a cada momento me presentan. Mis guerrillas los hostilizaron a su paso a la Serra.

Concluye San Martín manifestando que a su entender esa campaña está enteramente terminada; que pensaba realizar la expedición a Puertos Intermedios, pero que los grandes disgustos que le ha proporcionado Lord Cochrane le han obligado a suspenderla. No hay bien cumplido en esta vida ?termina diciéndole? y pide que le mande la MONTEZUMA, pues ese día va a declarar el bloqueo de aquellos puertos.

1822
El teniente coronel Arriola, a la cabeza de 54 hombres, ataca a los rebeldes moyobam-binos que se habían atrincherado en el pueblo de la Habana, en número de más de 600 hom-bres entre fusileros y lanceros, mal armados, pero resueltos a defender palmo a palmo el terreno, contando para este objeto con un cañón.

Los rebeldes sostuvieron una lucha más tenaz que en los anteriores puestos: el destrozo fue, por consiguiente, mayor, pereciendo 14 y teniendo muchos heridos; el espanto no les permitió sostenerse en cinco trincheras que tenían preparadas a su retaguardia y se internaron en el bosque inmediato, y aunque intentaron unos cuantos defenderse en el interior de los bosques, no les fue posible hacerlo.