1821
Miller se despide de los jefes montoneros y regresa a Lima, donde acusó de cobardía al coronel José Caparroz, el que después se pasó a los realistas.

1821
Se le reitera la orden a Cochrane para que devuelva el resto del dinero y pastas del Es-tado, a dos oficiales de la Casa de Moneda y al Comisario de Guerra del Ejército Libertador.

Este mismo día el Almirante le contesta al ministro Monteagudo su nota del 26, exponiéndole las grandes dificultades con que tropezaba con la falta de pago de las tripulaciones, mientras que sus compañeros del Ejército han recibido dos tercios de sus salarios; estaban muriéndose de hambre, dice textualmente, o viviendo solamente de charqui corrompido, interín que las tropas recibían raciones de carne fresca; no se les pasaba aguardiente, en tanto que el Ejército tenía dinero para procurarse esa bebida favorita y todo cuanto deseaba.

Tales son, señor mío, las oscas razones sobre que funda un marinero inglés su modo de sentir.

El espera un equivalente por su contrata, que fielmente cumple por su parte, pero cuando se le atropellan sus derechos, es tan borrascoso como el elemento sobre que vive. Es pues, inútil tratar de convencerme a mí; a ellos es a quienes debe usted convencer.

En que comunicación he insistido yo, señor, sobre el pago de 200.000 pesos? Es verdad que le envié la relación de lo que se debía; pero le decía en mi carta que eran los marineros amotina-dos quienes pedían aquel desembolso, y que yo estaba haciendo cuanto podía, aunque en vano, para contener su violencia y aquietar sus temores. Me dice usted en su carta que era imposible pagar a las clamorosas tripulaciones. Como, pues, que ahora están pagadas de aquel mismo dinero que tenia usted a su disposición, habiendo yo dejado intacta una cantidad diez veces mayor? Al advertirle que uno no podía burlarse de ellos, por más tiempo, me funda-ba en la larga experiencia que tengo de su carácter e inclinaciones; y los hechos han probado, y tal vez prueben aún mucho más, la verdad de lo que le dije.

A continuación protesta Cochrane de que se le haya impartido la orden de abandonar inmedia-tamente los puertos peruanos, considerando que hubiera sido más decoroso el ser menos pe-rentorio, considerando que faltaban tripulantes a los buques a causa de que no se le abonaban sus sueldos y premios, lo que había producido numerosas deserciones.