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Enrique Mario Mayochi

Mercedes, su hija

"Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz."
San Martín, 1844
En Francia, el 28 de febrero de 1875, fallecía Mercedes San Martín de Balcarce.
Blanca ya su cabeza, mostrábase aún como la evocara un compatriota tras visitarla en su residencia de Brunoy: "Tengo todavía presente su alta e imponente figura, aquella su gracia seductora y súbita simpatía que a las primeras palabras inspiraba".
Cuando le llegó la muerte, estaba por cumplir 59 años de edad.
En el otro extremo de su existencia, el nacimiento había sido así anunciado por su padre a Tomas Guido, el gran amigo: "Sepa usted que desde anteayer soy padre de una infanta mendocina". La carta tiene por fecha la del 3 de agosto de 1816.
También en este día se la cristianaba en la Matriz de la capital cuyana, por mano del presbítero Lorenzo Guiraldes, a la sazón vicario general castrense.
La correspondiente acta dice que fue bautizada y llamada "Mercedes Tomasa, de siete días, española, legítima de señor Coronel Mayor General en Jefe del Ejercito de los Andes y Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo, don José de San Martín y la señora María Remedios Escalada. Fueron padrinos: el sargento mayor don José Antonio Alvarez Condarco y la señora doña Josefa Alvarez."
 El "anteayer" de la carta Guido y los "siete días" de que habla el acta bautismal provocan duda acerca de la fecha exacta del nacimiento de la hija unigénita del futuro Libertador. Y no deja de llamar la atención lo de "española", tratándose de quien había nacido cincuenta días después de declarada la independencia nacional. Quizá tal calificación se debió a la fuerza de la costumbre.

ENTRE DOS TRAVESÍAS

Poco más de cuatro meses de vida tiene Mercedes cuando su padre, en enero de 1817, parte de Mendoza al frente del ejército llamado a realizar el plan continental de liberación política.
Por los mismos días, Remedios y su hija viajan a Buenos Aires. Seguramente, el alejamiento habrá producido en el esposo y esposa un dolor como "cuando la uña se separa de la carne", según expresa el Poema del Cid.
El cruce de la cordillera fue la gran hazaña inicial. Chacabuco, la primera victoria de San Martín en tierra chilena. Con tal motivo, el 5 de marzo de 1817, el director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón - sabedor de que no puede premiar al padre por sus triunfos pues todo honor y recompensa los rechaza sistemáticamente- acuerda a Mercedes una pensión vitalicia de 600 pesos anuales. Así lo comunica a Remedios, tres días después, Juan Florencio Terrada, encargado del Departamento de Guerra.
Aquella, el 11 de marzo expresó por carta su agradecimiento a Pueyrredón y agrega que desearía hacerlo personalmente, más que la priva de ese gusto un "notorio quebranto de mi salud".
Cuando el 1821 la Junta de Representantes de Buenos Aires deje en suspenso el pago de todas las pensiones graciables, exceptúa expresamente de ello a Mercedes.
Empero a partir del año siguiente la niña no percibirá más la anualidad y, según señala Mitre, a partir del cuarto trimestre de 1823, su nombre ya no figurará más en la lista de pensionados.
Fue este el segundo obsequio oficial recibido por Mercedes. El primero, a poco de su nacimiento, le había sido hecho por el gobierno de Mendoza: 200 cuadras en Los Barriales.
Cuando San Martín renunció en nombre de su hija a la donación, sugiriendo que se destinase dichos terrenos para premiar a oficiales militares que se distinguieran en el servicio a la patria, el asesor fiscal dictaminó que los padres no podían perjudicar a sus hijos menores en mérito a la patria potestad ejercida sobre ellos.
Padre e hija volvieron a estar juntos por dos veces. La primera fue cuando el héroe tras su triunfo en Chacabuco, viajó a Buenos Aires, ciudad a la que llegó a comienzos de abril de 1817 y en la que permaneció hasta el 20 de ese mes.
La segunda fue en 1818, oportunidad en que el padre, madre e hija marcharon a principios de julio a Mendoza desde la Capital, adonde había arribado aquel el 11 de mayo, apenas corrido un mes de la victoria de Maipú.
Al agravarse el mal que aquejaba a su esposa, el Libertador debió aceptar que ella y la niña retornaran a Buenos Aires, lo cual hicieron en marzo de 1819.
Corren los días y los años. EL 2 de agosto de 1823, Remedios muere en la ciudad porteña.
El 4 de diciembre siguiente, tras catorce días de viaje, llega el héroe y le rinde postrero y público homenaje con la siguiente inscripción en su tumba: "Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín".
Hostilizado por muchos y en desacuerdo con su suegra doña Tomasa, por la educación harto regalona que recibía Mercedes, toma la tremenda decisión de hacer una segunda travesía: la que lo llevará al ostracismo definitivo, aunque el nunca lo concibió como tal.
El 10 de febrero de 1824, padre e hija se embarcan con rumbo a Europa, en el navío francés "Le Bayonnais"

EDUCACIÓN DE LA HIJA

La educación de Mercedes es idea fija, casi obsesiva, para su padre. Acerca de como había encontrado a la niña al regresar a Buenos Aires, hará en 1828 esta confidencia a Manuel de Olazabal: "¡Que diablos!, la chicuela era muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela".
Mientras navegan, se muestra tan severo, (quizá para eliminar prontamente la inconducta), que Merceditas "lo más del viaje lo pasó arrestada en el camarote".
Ya en Europa e internada la hija en un colegio inglés, del que más adelante pasará a otro sitio en el continente, el Libertador dedica a su educación la mayor parte de los pocos bienes con que cuenta por entonces.
Pero no solamente el dinero, sino, también, sus meditaciones.
Si para los granaderos había dictado un severo reglamento, un código con mucho de pedagogía castrense, para mejor guiar, para mejor formar a Mercedes, redacta en 1825 las celebres once máximas, esas que él tendrá por objetivos y a cuya lectura recurrirá con frecuencia para hacerlas realidad.
A medida que el tiempo transcurra y vea concretarse el éxito deseado, San Martín se referirá al asunto una y otra vez. Así, escribirá a Guido: "Cada día me felicito más de mi determinación de haber conducido mi chiquilla a Europa y arrancada del lado de doña Tomasa; esta amable señora, con el excesivo cariño que la tenía, me la había resabiado, -como dicen los paisanos- en términos que era un diablotín. La mutación que se ha operado es tan marcada como la que ha experimentado en figura.
El inglés y el francés le son tan familiares como su propio idioma, y su adelanto en el dibujo y la música son sorprendentes. Ud. me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión, sin embargo mis observaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación."

CASAMIENTO DE MERCEDES

En 1831, San Martín y su hija residen a dos leguas y media de París, en una casa de campo donde siempre hay preparada una habitación para el recién llegado.
Hasta allí, providencialmente, desde Londres arriba en marzo el joven Mariano Balcarce, hijo del vencedor de Suipacha. Allí día siguiente, Mercedes enferma de cólera y poco después sucede otro tanto con su padre.
Los dos serán solícitamente atendidos por el huésped, seguramente con más eficacia que la que podría haber mostrado la única criada que allí sirve.
La joven se repondrá en un mes; su padre tendrá complicaciones gástricas y necesitará mucho más tiempo.
El ocasional encuentro provocó mutua simpatía entre los jóvenes y derivó noviazgo.
 Con tal motivo, el 7 de diciembre de 1831, el héroe así escribía a Dominga Buchardo de Balcarce, madre de Mariano: "Antes del nacimiento de mi Mercedes, mis votos eran porque fuese varón; contrariado en mis deseos, mis esperanzas se dirigieron a que algún día se uniese a un americano, hombre de bien, si posible, el que fuese hijo de un militar que hubiese rendido servicios señalados a la dependencia de nuestra patria.
"Dios ha escuchado mis votos, no sólo encontrando reunidas estas cualidades en su virtuoso hijo don Mariano, sino también coincidir en serlo de un amigo y compañero de armas. Sí como espero este enlace es de aprobación de usted, sería para mí la más completa satisfacción. "La educación que Mercedes ha recibido bajo mi vista, no ha tenido por objeto formar de ella lo que se llama una dama de gran tono, pero sí el de hacer una tierna madre y buena esposa; con esta base y las recomendaciones que adornan a su hijo de usted, podemos comprometernos en que estos jóvenes sean felices, que es lo que aspiro."
La carta, además de permitirnos conocer el deseo sanmartiniano de haber sido padre de un varón, constituye una prueba más de la importancia y sentido concedidos por el héroe a la educación de Mercedes.
La boda se realizó el 13 de septiembre de 1832, siendo testigos José Joaquín Pérez y el general Juan Manuel Iturregui, ministro de Chile en Francia y agente diplomático del Perú, respectivamente.
Los esposos viajaron prontamente a Buenos Aires, donde quedaron por dos años y nació María Mercedes, su hija y la primera nieta del Libertador.
 La llegada del matrimonio hizo que Guido escribiese a San Martín, el 27 de marzo de 1833, lo siguiente: "Ya tenemos por acá a la amable Mercedes. Desde el domingo está entre nosotros. Dos veces he ido a verla y en ambas ha estado recogida porque la navegación la ha desmedrado un poco.
"Cuantos la han visto y la han hablado notan la educación cuidada que ha recibido y me dan de ella una idea bien honrosa. El joven Balcarce me ha gustado mucho: desnudo de la secatura de carácter de la familia, ha tomado los modales suaves y la susceptibilidad necesaria de sus años. Basta solamente que no los deje usted solos y que los venga pronto a acompañar".
Ya estaban los esposos de regreso en Francia cuando advino al mundo su segunda hija, Josefa, según anoticia el abuelo, por carta de 1º de febrero de 1837, a su gran amigo Pedro Molina: "La mendocina dio a luz una segunda niña muy robusta: aquí me tiene usted con dos nietecitas cuyas gracias no dejan de contribuir a hacerme más llevaderos mis viejos días."

LA VIDA EN EL HOGAR

San Martín y los Balcarce viven en Grand Bourg. Allí los visita un hermano de Mariano, el joven Florencio, poeta residente en Francia.
En 1838, escribe así a otro hermano que está en Buenos Aires: "Tengo el placer de ver la familia un domingo si y otro no. El general goza a más no poder de esa vida solitaria y tranquila que tanto ambiciona. Un día lo encuentro haciendo las veces de armero y limpiando las pistolas y escopetas que tiene; otro día es carpintero, y siempre pasa así sus ratos, en ocupaciones que lo distraen de otros pensamientos y lo hacen gozar de buena salud".
De su cuñada expresa: "Mercedes se pasa la vida lidiando con las chiquitas que están cada vez más traviesas"; y de éstas: "Pepa entiende francés y español, aunque no habla aún", y de Merceditas dice "...el abuelo que no la ha visto un segundo quieta".
La ancianidad Llega para el Libertador. Su hija ha colmado todas sus esperanzas. Por eso, en 1844, cuando testa, expresa así su recatado agradecimiento: "Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de esta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz".

LOS ÚLTIMOS AÑOS

El dolor sufrido por Mercedes al morir su padre, el 17 de agosto de 1850, se renovará diez años después, al fallecer su primogénita María Mercedes en plena juventud.
La memoria del héroe permanece viva en su hija y en Mariano Balcarce. Los dos cumplirán celosamente las mandas testamentarias y no escatimarán el archivo paterno a Mitre cuando éste se decide a escribir con método científico la historia de la epopeya libertadora.
Radicados en Brunoy, una habitación se destinará a conservar cuanto recuerda materialmente al gran padre y abuelo. Y también allí, en el panteón familiar erigido en el cementerio de Brunoy, permanecerán los restos del Libertador mientras su hija viva. Mercedes sabe que su padre ha expresado el deseo de que su corazón sea llevado a Buenos Aires y no se opone a ello, pero no consentirá en separarse de esos restos mientras Dios no la llame a su seno para poder tributarle así homenaje del amor filial. Esto explica por qué las veneradas cenizas no retornarán a la Argentina, a América, hasta 1880.
Y allí en Brunoy, en Francia, "la mendocina" concluirá su existencia, y corrida una década, el 20 de febrero de 1885, la seguirá su esposo.
Los sobrevive Josefa Dominga, quien contrajo matrimonio con Fernando Gutiérrez Estrada, vástago de una familia mexicana. Ella fallecerá en 1924, sin dejar descendencia.
El 13 de diciembre de 1951, los restos de Mercedes, de Mariano Balcarce y de María Mercedes recibieron definitiva sepultura en un monumento fúnebre especialmente construido en la basílica de San Francisco, de la ciudad de Mendoza, la tierra donde vino al mundo la hija del Libertador.
Los despojos habían llegado a Buenos Aires dos días antes, traídos desde Francia a bordo del guardacostas "Pueyrredón".

MÁXIMAS REDACTADAS POR EL GENERAL SAN MARTÍN PARA SU HIJA MERCEDES TOMASA

"1º.- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos."
"2º.- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira."
"3º.- Inspirarla gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto."
"4º.- Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres."
"5º.- Respeto sobre la propiedad ajena."
"6º.- Acostumbrarla a guardar un Secreto."
"7º.- Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones."
"8º.- Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos."
"9º.- Que hable poco y lo preciso."
"l0º.- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa.
"11º.- Amor al Aseo y desprecio al Lujo."
"12º- Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad."