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José Luis Busaniche. Relatos de Contemporáneos compilados

Las Enfermedades

EN CÓRDOBA

En abril de 1814, San Martín cayó enfermo en Tucumán y pidió permiso al Gobierno para pasar a Córdoba en busca de salud. Hubo quienes creyeron que se trataba de un pretexto para dejar el ejército. En una casa de campo de Córdoba, le visitó el ilustre general Paz, entonces oficial del ejército del Norte En sus Memorias cuenta lo siguiente: "Al principiar el invierno, (año 1814) se generalizó en el ejército que una dolencia en el pecho aquejaba al general San Martín; no salió de su casa en muchos días; la retreta no tocaba a su puerta para que el ruido no le incomodase y se hacía guardar el mayor silencio a los que llegaban a informarse de su salud o con otro motivo. Poco después salió al campo, y luego de estar cerca de un mes en una estancia, partió para Córdoba con pretexto siempre de buscar temperamento adaptado a su estado de salud. Por entonces se dudaba de la certeza de su enfermedad, pero luego fue de evidencia que ella era un mero pretexto para separarse de un mando en que no creía deber continuar. "Cuando llegué a Córdoba, estaba el general San Martín en una estanzuela, a cuatro leguas de la ciudad, siempre diciéndose enfermo. Estuve a visitarlo con otras personas; nos recibió muy bien y conversó largamente sobre nuestra revolución. Entre otras cosas dijo: "Estar evolución no parece de hombres sino de carneros." Para probarlo refirió que ese mismo día había venido uno de los peones de la hacienda a quejársele de que el mayordomo, que era un español, le había dado unos golpes por faltas que había cometido en su servicio. Con este motivo exclamó: "¡Qué les parece a ustedes; después de tres años de revolución, un maturrango se atreve a levantar la mano contra un americano! ¡Esta es, repitió, revolución de carneros!" La contestación que había dado al peón, era en el mismo sentido, de modo que los demás se previnieron para cuando aconteciese un caso semejante. Efectivamente, no pasaron muchos días, y, queriendo el mayordomo hacer lo mismo con otro peón, éste le dio una buena cuchillada, de la que tuvo que curarse por mucho tiempo. "Se dijo que se le había ofrecido al general San Martín el gobierno de Córdoba y que no lo admitió, mas aceptó el de Mendoza, adonde marchó. Con su vista perspicaz, parece que veía los desastres que iban a ocurrir en Chile y la importancia política que iba a adquirir la provincia de Mendoza, debiendo ser la cuna del ejército de los Andes que tantas glorias dio a la patria y que puso en transparencia el mérito superior del general que lo mandó." José María Paz.

EN MENDOZA

A fines de 1819, arrecia la oposición al gobierno del Directorio. Rondeau ha sucedido a Pueyrredón. En Tucumán, una revolución encabezada por don Bernabé Aráoz, proclama la autonomía de la provincia. El general Belgrano es sometido a prisión. El Director llama con insistencia al general San Martín para que se oponga con sus fuerzas a los pueblos sublevados. San Martín opta por pasar a Chile. "Debo seguir el destino que me llama", escribirá después. Desde Chile explicó largamente su actitud. La posteridad ha comprendido bien su determinación. Quebrantado como nunca en su salud, hubo de pasar esta vez los Andes en una camilla y a hombros de sus soldados. El general Rudecindo Alvarado, nos instruye sobre esos momentos de zozobra en que el general San Martín adoptó una de las decisiones supremas de su vida. "Mis cuidados crecían al observar que los males del general San Martín se agravaban notablemente y habían llegado al punto de hacerse preciso le ocultara todas las comunicaciones que se le dirigían y que yo contestaba. Me afligía fuertemente el conocimiento que me asistió de que la disciplina del batallón de Cazadores, de San Juan, se hallaba muy relajada, con cuyo motivo me trasladé a este punto por pocos días, bastantes sin embargo a conocer la exactitud de mi sospecha, notando de parte del jefe accidental una indiferencia inexplicable con las faltas de los oficiales y torpe rigor con las del soldado. Procuré con prudencia evitar este mal y regresé a Mendoza decidido a pedir al general San Martín me permitiera llevar ese cuerpo donde pudiera yo tenerlo a la vista. El mal estado de la salud del general era ya amenazante a su conservación, y aunque yo excusara con escrupuloso celo llamar su atención hacia objetos que pudieran agitar su ánimo, me decidí a expresarle mis observaciones alarmantes sobre el mal estado de moralidad del batallón Cazadores y la premiosa urgencia de trasladarlo a Mendoza "El general, que por las precauciones que se tomaban, ignoraba las disposiciones amargantes de los pueblos argentinos en esa época, resistió la traslación de Cazadores, fundándose en que la reunión de dos cuerpos sería más peligrosa; pero observé al general que mi pensamiento era que el mismo día que el batallón se aproximara a aquel punto, saldría el regimiento de "Cazadores a caballo" a acantonarse en el pueblo de Luján, cinco leguas al sur de Mendoza. Con manifiesta repugnancia consintió el general en mi propuesta y yo, lleno de esperanza, partí a San Juan a traer los Cazadores. En muy pocos días se preparó lo necesario para movernos, y la víspera de la marcha, en la lista de la tarde, dirigí algunas palabras a la tropa que fueron contestadas satisfactoriamente. Di la orden de marcha para las cinco del día siguiente y me retiré a mi casa, donde, pocas horas después, recibí un expreso del general con una carta cuyo contenido era reducido a decirme que se agravaba su enfermedad. Mi pronta presencia en Mendoza se hacía necesaria, suspendiendo la marcha del batallón si no se había verificado, resolución que me hizo ver perdido aquel cuerpo que contenía más de mil plazas. "En conformidad con la referida disposición, se suspendió la marcha de Cazadores y en el acto se practicó la mía bajo el peso del más amargo desconsuelo. "Encontré en Mendoza al general San Martín tan agravado de sus dolencias, que desesperé de su conservación y juzgué necesaria su inmediata traslación a Chile. EI general me presentó una nota oficial que por mi ausencia había llegado a sus manos, en que se le comunicaba la revolución practicada en Tucumán y encabezada por don Bernabé Aráoz en el año 1819. Más me fortifiqué en mi idea de alejar al general a un punto seguro como Chile, y llamé al sargento mayor de artillería y comandante del parque para encargarle la construcción de una camilla tan cómoda como fuera posible, previniéndole el secreto, que él sin duda adivinó, por la prontitud con que ejecutó mi encargo. Preparado todo, incluso sesenta hombres que debían cargar en sus hombros la camilla, invité al coronel Necochea a que me acompañara para persuadir al general, que se hallaba en San Vicente -una legua distante de Mendoza- a aceptar el obsequio que le llevaba para salvar su interesante vida y los respetos que le eran debidos, próximamente amenazados por una revolución general en la República. Bastante sorprendido el general con nuestras observaciones, dijo que él no veía ese peligro que le anunciábamos, y esforzando nuevas razones, conseguimos al fin aceptara su marcha, no sin expresarnos que cedía a la persuasión de sus amigos y no a sus convicciones. La marcha a Chile se hizo inmediatamente del modo preparado. Veinte días no habían transcurrido desde la marcha del general San Martín cuando el 10 de enero (1820) se sublevó en San Juan el batallón de Cazadores, habiéndolo hecho el ejército del general Belgrano en Arequito, uno días antes. Conocidos estos reveses, que afectaron bastante la moral de los pueblos de Cuyo, y aun de la tropa que allí existía, llamé al Regimiento Granaderos a Caballo que se hallaba en San Luis, a ocupar el cantón de Luján, en que se hallaba Cazadores a Caballo que marchó para Chile el mismo día de la llegada de Granaderos."Rudecindo Alvarado"